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8 de diciembre, “Juanpis no vendría a esto”

Más que la música, la necesidad de alzar la voz por los que sufren ha dado origen a una iniciativa histórica que llenó las calles y conmovió al país
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Juan Galeano, Alejandro Riaño y César López

Fotografía por Andrés Wolf

“Juanpis no vendría a esto”, dice entre risas Alejandro Riaño después del error inocente que una periodista comete al entrevistarlo mientras se prepara todo para ‘Un canto por Colombia’. “No es solo con este gobierno, quiero que se entienda; acá no hay apoyo político, no es un tema de izquierda ni de derecha”, señala el comediante. “Es un tema de ser colombianos y de luchar por nuestro país”.

Junto al actor Santiago Alarcón [El man es Germán], Riaño y su hermana María fueron responsables de esta iniciativa que terminaría convocando a cientos de miles de personas en Bogotá. Una marcha histórica que al final sentó un nuevo precedente en esta sucesión de manifestaciones que vienen dándose desde el pasado 21 de noviembre. 

‘Porque estamos llenos de razones’ fue la frase escogida para sintetizar todos los motivos que reunieron a más de 40 artistas a lo largo de la carrera séptima. Para Alejandro Riaño su principal razón es “el respeto a la vida, nunca la han respetado en este país, el regreso de los falsos positivos, también la muerte de los 18 niños en el bombardeo…”. La falta de inversión en educación ha sido otro motivo: “Se han robado más de 3,6 billones de pesos y siguen invirtiendo en guerra, pero no les importa la educación porque saben lo que pasa cuando hay un país educado y se les voltea todo”.

La empatía ha sido la palabra clave en un proceso que finalmente vio a colombianos privilegiados marchando y manifestándose por quienes no tienen nada, por esos que el Estado ha ignorado sistemáticamente. Por esos que nosotros mismos hemos ignorado durante muchas décadas. “Hay mucha gente a la que esto le incomoda, es muy fácil decir: ‘No podemos llegar al colegio, no podemos llegar a nuestros clubes’, pero no se ponen en los zapatos de los demás y dicen que están cansados de los cacerolazos… ojalá fuera un cacerolazo lo que le toca a uno en la vida, a otras personas en el campo les tocan balas y bombardeos”, añade Riaño.

Son las ocho de la mañana del domingo, 8 de diciembre, algunos artistas ya están en la 26 con séptima; Juan Galeano y Daniel Álvarez, de Diamante Eléctrico, Edson Velandia anda por ahí, Mario Muñoz (Dr. Krápula) y Santiago Cruz saludan a todo el mundo, César López lleva su ‘escopetarra’ al hombro, y Adriana Lucía se mueve sonriente entre técnicos, periodistas y artistas. Santiago Alarcón, con gafas oscuras y una gorra negra, también saluda y nos cuesta trabajo reconocerlo sin la cresta de su popular personaje televisivo. “La primera razón que tengo es la vida, el derecho a vivir dignamente, a respetar la vida porque la vida es sagrada”, dice Alarcón levantando su voz tanto como puede. La música ya empieza a sonar y estamos pegados al camión dispuesto para transportar la tarima. “Después le hablo de las injusticias, de la desigualdad cada vez más grande que vivimos en este país. Le hablo de la educación, le hablo de la seguridad social, de las pensiones, de una vejez digna. Le hablo de un país que necesita más oportunidades…”.

La camabaja que sirvió como escenario principal. Fotografía por Rodrigo Torrijos

El pasado 28 de noviembre se anunció con un comunicado que se haría un concierto en el Parque Simón Bolívar (luego se trasladaría a la séptima y a varios escenarios entre la calle 26 y la 85 con 15) con artistas que se manifestaban, “convencidos de la capacidad transformadora del arte y de nuestro compromiso como seres humanos”. El anuncio estaba firmado por Aida Bossa, Adriana Lucía, Ali Aka Mind, Alejandro Riaño, Bomba Estéreo, César López, Diamante Eléctrico, Doctor Krápula, Edson Velandia, Esteman, Juan Pablo Vega, LosPetitFellas, Marta Gómez, Monsieur Periné, Santiago Alarcón, Santiago Cruz, Systema Solar, Telebit y “más artistas por confirmar”.

El evento comienza con el Rap Bang Club en la tarima, mientras Juan Galeano expone sus razones: “Estamos mamados de que nos estén desangrando, la gente está pagando sus impuestos, está haciendo lo que tiene que hacer, y la clase política nos sigue robando […] Colombia es uno de los países más ricos en biodiversidad y en agua, al gobierno le vale verga y está feriando los páramos, feriando la selva y haciendo lo que le da la gana con todo el mundo. Eso para nosotros es inaceptable”. 

A pocos pasos de Galeano, Santiago Cruz también se esfuerza para que nuestra grabadora capte sus palabras en medio del ruido: “Toda vida importa, toda muerte duele. Yo quisiera ver una política decidida contra la corrupción; vemos que a través de leyes de financiación y políticas de desarrollo que van en contra del medio ambiente, el Estado quiere recoger recursos, pero en el desangre de la corrupción no se actúa como corresponde. Creemos que el desarrollo económico no puede ir en contra del cuidado del medio ambiente y creemos que la cultura debe tener una presencia permanente en la reconstrucción del tejido social colombiano. Queremos que el presupuesto de la cultura aumente a un 2 % del Producto Interno Bruto (PIB). Que nuestros dirigentes políticos estén a la altura y que las políticas de desarrollo estén emparentadas con la dignidad del pueblo colombiano. El pasado 1 de diciembre en Costa Rica se celebraron los 71 años de la abolición del ejército y un colega mío puso una foto con un eslogan que decía, ‘En Costa Rica cambiamos los soldados por artistas’. Esa es una ilusión que deberíamos perseguir todos… creo que va un poco por ahí: empatía y dignidad”.

La figura de Dilan Cruz se ha convertido en un símbolo de la lucha por el respeto a la vida. Fotografía por Andrés Wolf

Mario Muñoz, de Dr. Krápula, que siempre ha sido una banda combativa, se acerca y confiesa que está lleno de razones: “Llevamos muchos años, no solamente en el gobierno de Duque, pidiendo que el fracking se prohíba en Colombia, que se respete el Páramo de Santurbán, que se aumente el presupuesto para las universidades públicas, que escuchen a los estudiantes y les cumplan porque no es solamente escuchar, es actuar también. Estamos pidiendo que se revisen las reformas tributaria, laboral y pensional porque la mayoría de estas personas no va a lograr una pensión digna. Desde la calle le pedimos al Gobierno que cambie su discurso de guerra, armamentista y represivo […] un país donde se habla de paz puede tener miles de problemas, pero se empieza a construir sobre un territorio en el que la gente respete la vida”.

Antes de las nueve de la mañana ya se contaban miles de personas en las calles. Fotografía por Rodrigo Torrijos

Seguimos al lado de la tarima y la gente no para de llegar, pero desde acá no hay forma de hacerse una verdadera idea de las dimensiones que esto va a alcanzar. Tras la presentación de Yoky Barrios viene Diamante Eléctrico y el camión empieza a moverse rumbo al norte. Por un buen rato reina el caos.

La multitud se mueve y es necesario pedir espacio para evitar que alguien salga herido, un mar de gente nos arrastra hasta la parte de atrás de la camabaja. Ahí está Santiago Cruz en medio del gentío que lo rodea pidiendo selfies y autógrafos, lleva la guitarra en su espalda y en cualquier momento el instrumento puede quedar convertido en astillas. Él no pierde la calma. Cuando la cosa empieza moverse con relativa normalidad, lo perdemos de vista. La cantidad de gente es impresionante, y él -un tipo altísimo de sobrero y guitarra- desaparece en un mar de banderas, carteles y cabezas.

Diamante toca en compañía de varios percusionistas, y Galeano arenga a la gente con sus proclamas. La cosa entra en una ebullición emocionante y contagiosa. Esto no lo hemos visto nunca.

Más adelante llega el turno para Adriana Lucía, que antes de abordar el camión dice: “Mis razones están en la Colombia apartada y olvidada. Yo soy de la zona rural, y creo que la zona rural nunca ha tenido voz en este país. Si alguien ha tenido que cargar con las desigualdades, con las carencias, con la indiferencia, con el olvido y con la guerra, han sido las regiones. Yo marcho porque creo que darle la voz a la gente que nunca la ha tenido va a traer grandes transformaciones en el pensamiento de esta sociedad, que ha estado cubierta por una burbuja”. Durante su trayecto y su presentación es, tal vez, la más elocuente, y la respuesta de esa infinita marea humana la lleva hasta las lágrimas.

Al llegar al Parque Nacional se dirige a un grupo de policías que está como arrinconado en una calle aledaña; les recuerda que ellos también son pueblo, y que marchamos por los derechos de todos. Tiene que contener el llanto en un gesto que nunca entenderán los cobardes que la han vilipendiado en las redes sociales; ahora canta Como la cigarra, ese himno de América Latina compuesto por la argentina María Elena Walsh y popularizado por Mercedes Sosa. A veces, aunque no sea muy frecuente, Colombia nos inunda los ojos y nos anuda la garganta con cosas bonitas.

La séptima está inundada de pared a pared, y si se quiere andar a otro ritmo es necesario salir de la marcha y moverse por vías paralelas. Es conmovedor, y en este punto el promedio de edad solo puede mostrarse esperanzador; estos jóvenes podrían llegar a cambiarlo todo.

Santiago Alarcón, Adriana Lucía y Alejandro Riaño. Fotografía por Andrés Wolf

Cuando a finales de noviembre se anunció el evento, hubo un nombre en particular que le dio mucho peso a la propuesta: Edson Velandia se apuntó desde el principio ante la invitación de la producción y de Catalina García, de Monsieur Periné. Velandia no está acá buscando notoriedad porque él tiene algo que vale más: respeto y credibilidad, especialmente entre sus colegas. Cuando le llega el turno ante el micrófono, el hombre de Piedecuesta –como todos esperábamos– interpreta sus denuncias más tajantes en La muerte de Jaime Garzón, Iván y sus Bang Bang y Su Madre Patria

Antes de subirse a la camabaja también nos ha dado sus razones para estar acá: “Mis razones tienen 500 años de historia… solamente se dedican al saqueo, durante generaciones no han hecho otra cosa. Las comunidades han soportado mucho, estamos en un momento grotesco que ya sobrepasó cualquier nivel de crueldad, de criminalidad, de corrupción e inequidad. Creo que ya no podemos aguantar más esto, y el mundo entero lo está entendiendo, esto no es solamente colombiano, esto es mundial. En Colombia no hemos sido ajenos porque tenemos muchas más razones, aquí se trata de la vida de la gente. No podemos seguir más, el gobierno es una mafia. Esta es una vaina sencilla: hay una gente que está secuestrando el poder de una manera criminal, y hay una población que lo está sufriendo. Se trata sencillamente de que merecemos vivir bien, tenemos derecho a vivir en paz, a tener equidad, tenemos derecho a nuestros derechos, y hay una gente que los está negando. Si negar derechos es ser de derecha, y reclamarlos es ser de izquierda, OK. Pero esto no es izquierda y derecha”.

Edson Velandia habla con la gente antes de que todo empiece. Fotografía por Philip Stephanou

Algunas cuadras más adelante, César López se ubica en la parte trasera para dar la cara a cientos de miles que marchan hacia el norte. Canta un poco de El baila de los que sobran, y su versión de Un beso y una flor fue un sismo emocional en el que más de uno guardó silencio por miedo a romper en llanto.

“Queremos la implementación correcta y profunda del acuerdo de paz. Estando el sector de la cultura muy afectado por toda la política… 0,14 % del presupuesto nacional, tendríamos muchas razones para protestar, pero queremos que el arte y la cultura sean hoy una manera de encontrarnos, que se encuentren los diferentes, que la conversación nacional contemple las emociones, que contemple lo rural, que contemple las expresiones de la gente que tiene rabia, odio, tristezas, esperanzas… Yo sueño con que continuemos este ejercicio, que no termine aquí, que por fin el sector de la cultura se una en un movimiento permanente de respuesta a los problemas profundos del país, que siempre estemos unidos para reaccionarle a todo”, ha dicho al comienzo de la movilización. 

Hay tanta gente, tantos pitos, tantos tambores y cacerolas, que la música del camión no se escucha a una cuadra. Y a nadie le importa. No estamos acá para oír canciones, estamos acá para hacernos oír.

Santiago Cruz aparece sobre el escenario para ofrecer “una canción de perdón” (Baja la guardia) y poner  a cantar a miles de fanáticas. Insiste en un grito que reclama dignidad para la gente y nosotros tratamos de imaginar lo que ha tenido que hacer para llegar hasta la camabaja.

En el Parque de los Hippies está tocando Telebit, y miles se quedan para verlos mientras la gigantesca marcha continúa bajo la evidente amenaza de la lluvia. Los artistas, en su mayoría independientes, han estado presentándose en los escenarios dispuestos en el recorrido, y el público asiste a raudales. Unos los critican por estar, otros critican a quienes no están. Entender a los músicos ausentes no es tan difícil: no debe ser fácil poner en riesgo los lucrativos likes y las reproducciones en Spotify que aportan quienes prefieren guardar silencio u oponerse a una manifestación como esta.

Más allá de la calle 63 vemos una gran bandera chilena sobre la fachada de un edificio y miles la saludan con aplausos y cantos que conmueven al vecino. Las lágrimas ahora no se notan porque la lluvia cae ahora sin piedad. El aguacero arrecia mientras la marcha continúa y se desvía para tomar la carrera 15. “¡Llueva o truene, el paro se mantiene!”, grita la gente.

Más allá, en la 85 estaría presentándose Bomba Estéreo, Totó la Momposina y muchos más. Allá llegaría la Guardia Indígena para exigir el respeto por la tierra y la naturaleza. Allá el fin llegaría (por ahora) con el himno nacional y con un sentimiento que se estrenaba entre pecho y espalda. Se pudo una vez, se podrá cada vez que sea necesario.

Fotografía por Andrés Wolf

Ninguno ha ganado un Grammy; son unos olvidados que como no han tenido éxito en su música ahora, quieren recuperar protagonismo a través de la política. Ni un peso más para comprar música o ir a algún concierto de estos cantantes. Véanlos bien” [sic, o mejor, ‘sick’]. Eso escribió en su Twitter Miguel Polo Polo, el abanderado de la derecha a quien el Centro Democrático le negó su aval. En el pabellón de quemados de las elecciones siempre es bien recibido. A esta lumbrera se le olvida (o lo ignora por completo) que Diamante Eléctrico ha ganado tres Grammys Latinos, y que Juan Pablo Vega, Marta Gómez y Monsieur Periné también han recibido gramófonos, pero no le pidamos peras al olmo.

Ni el talento, ni la capacidad de convocatoria, ni el valor de un artista se miden de esa forma, mejor preguntémonos: ¿Qué tienen en la cabeza quienes dicen que la gente [cientos de miles]  apoyó esto porque los conciertos eran gratis y a “esa gente” todo le gusta regalado? Si quieres pensar en cosas regaladas, deberías remitirte a Odebretch, a Reficar, Agro Ingreso Seguro o a las billonadas que muchos enemigos de estas marchas “se regalan” año tras año.

Acá la música no fue lo más importante, fue solo un punto de encuentro para intereses más profundos. ‘Un canto por Colombia’ deja una huella que los oportunistas interesados en robar méritos y cobrar rentas ajenas no podrán desdibujar. Antes de 24 horas ya habían aparecido. No olvidemos que detrás de cada oportunista se agazapa un envidioso que no ha logrado hacer las paces con sus frustraciones e ineptitudes. Esto es de María y Alejandro Riaño, de Santiago Alarcón, de todos y cada uno de los artistas y técnicos que lo hicieron realidad. Para ellos no habrá nunca suficiente gratitud.

Esto también es de la gente que salió a colmar las calles.

Santiago Cruz sobre el escenario. Fotografía por Andrés Wolf

Es un 8 de diciembre que nunca va a pasar, es un domingo eterno en el corazón de cientos de miles de personas que se siguen encontrando cuando tantos quieren que nos perdamos.

En algún momento, después de unas siete horas de marcha, nos encontramos de nuevo a Santiago Cruz; la emoción no le cabe en sus casi dos metros de estatura. “Hermano, acá lo importante era estar ahí con toda esa gente… ¡Acá la cantada es lo de menos!”, dice. Y tiene toda la razón.