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DMT, la sustancia más enigmática y poderosa del mundo

La ciencia no ha encontrado su razón de ser en el mundo, pero su consumo ha transformado vidas, expandido consciencias y creado dimensiones más allá de nuestra realidad
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‘Mi vida cambió después del DMT. Mi primera vez fue una noche en Popayán, en una finca llena de plantas sagradas y medicinales, un espacio muy tranquilo. Respiré unos minutos y me senté con dos amigos. Cogí la pipa, quemé el DMT e inhalé dos veces. Boté el humo y, al instante, se me fue el aire y sentí una presión en el pecho. Una vez cerré los ojos, en la oscuridad se formaron fractales amarillos y rojos que se movían para crear una escena: un quirófano. Encima mío colgaba un bombillo con una luz muy intensa.

Luego, las paredes a mi alrededor comenzaron a reflejar momentos de mi vida. Yo jugando en un parque con mi mamá y su novio de esa época o simplemente yo parchando con mis amigos. Parecía una escena de la película Interestelar, cuando el papá le manda un mensaje a su hija desde otra dimensión. Veía esos momentos pasar uno tras otro… Cuando me bajó un poco el efecto, abrí los ojos y miré al cielo, y vi que me rodeaba una especie de placenta, como si estuviera dentro del vientre de mamá.

Yo nunca me sentí solo, sentía una presencia más. No soy una persona religiosa, pero es lo más cercano que he vivido a eso que llaman Dios. La sustancia cogió mi soberbia y la mandó pa’l carajo, y me enseñó que uno no se las sabe todas. Siempre me sentí pequeñito y vulnerable. Al comienzo, parecía que me iba a morir, y al final, parecía que volvía a nacer. Hoy soy menos impulsivo, más tranquilo, y sé que hay algo más, una energía más grande a la que debemos tenerle respeto. Y la respetamos siendo buenas personas, sin soberbias ni orgullos’. Este es el relato de Rafael*, quien probó el DMT -lo que muchos llaman la “molécula espiritual”- en diciembre de 2018, y hasta hoy sigue resolviendo qué pasó en su viaje. “Y me estoy quedando corto, parce. No encuentro las palabras. No sé cómo poner en castellano que yo sentía que podía controlar el tiempo y el espacio”.

¿Qué es y cuál es la historia del DMT?

La dimetiltriptamina o DMT es el alucinógeno más poderoso conocido por el hombre y la ciencia y, al mismo tiempo, el alucinógeno más común en la naturaleza. Todos los seres humanos tenemos DMT, en el pelo, la orina, las células cerebrales y la glándula pineal. También se puede encontrar en plantas (como en la mimosa tenuiflora y la acacia spp) y en diferentes mamíferos. Lo extraño de esta molécula o sustancia es que los científicos todavía no han confirmado su razón de ser en el mundo. Sigue siendo un misterio el porqué el cuerpo la produce naturalmente. Y como en todo lo desconocido, hay teorías; unas que rayan con nuestra “espiritualidad”, y otras más arraigadas a lo terrenal.

Rick Strassman, profesor clínico y escritor del libro DMT: la molécula del espíritu, descubrió que la glándula pineal se forma a los 49 días dentro de un feto (los días exactos para determinar si es hombre o mujer). Esto coincide con la creencia budista del Libro tibetano de los muertos, en el que intuyen que un alma se demora 49 días en reencarnar de un cuerpo fallecido. Strassman también teorizó que la glándula pineal, llamada el “tercer ojo” (por tener cornea, retina y lentes), descarga pequeñas dosis de DMT mientras dormimos, lo que podría ser la razón de los sueños y su lucidez física y emocional.

NATURAL Y SINTÉTICA: La Psychotria viridis, también conocida como chacruna, es una de las plantas que contiene DMT. CRISTIAN DÍAZ
NATURAL Y SINTÉTICA: La Psychotria viridis, también conocida como chacruna, es una de las plantas que contiene DMT. CRISTIAN DÍAZ

A pesar de nuestro desconocimiento, desde tiempos ancestrales los humanos la han extraído y consumido con diferentes fines. Los pueblos amazónicos fueron los primeros en ingerir DMT a partir del brebaje ayahuasca o yagé. Realizaban una decocción de las plantas y creaban un concentrado a base de DMT, junto con otros alcaloides como la harmina y la tetrohidroharmina. Sus prácticas eran ritualistas y sacramentales; una manera de comunicarse con los dioses y purgar su cuerpo. En esa época, los indígenas creían que la ayahuasca era un ser más poderoso que los guiaba para explorar su consciencia, una experiencia que puede durar entre seis y ocho horas.

El viaje con ayahuasca también puede ser trascendental y transformador, al igual que con el DMT puro. Hace 11 años Ana María* la probó por primera vez y se produjo en ella una transformación muy fuerte. De un día para otro, se volvió vegetariana, dejó de fumar, se alejó de otros vicios químicos y lo vivió como un “despertar de la consciencia” que la curó física y emocionalmente. En ese trance, Ana María se transmutó en un animal: una vaca. “Viví en carne propia lo que sentía el animal cuando lo estaban sacrificando. Su miedo, su angustia, el dolor cuando te cortan, te sacan la sangre y el sufrimiento… y eso me generó compasión hacia los animales”, confiesa. “Sentí y visualicé las energías. Nunca había pensado en volverme vegetariana, y ningún familiar lo es… pero trajo muchos aspectos positivos a mi vida”.

Con el tiempo y la modernidad, sus usos cambiaron para ser más investigativos y luego, más recreativos. En 1931 el químico Richard Fredrick la sintetizó por primera vez en un laboratorio, y en 1959 el científico Oswaldo Gonçalves comprobó que era una sustancia natural que venía de algunas plantas. El proceso químico es mucho más complicado que una extracción de ayahuasca, pues se necesitan otros materiales como agua destilada, sosa cáustica (hidróxido de sodio) y la corteza de raíz de una mimosa tenuiflora, o cualquier otro ser orgánico que contenga dimetiltriptamina. El resultado es un cristal endeble que puede ser de color naranja, amarillo o salmón. Ese mismo concentrado se consume en una pipa de vidrio, un bong o cualquier otro implemento donde se pueda hacer combustión.

La Mimosa hostilis es una de las plantas que contiene DMT. CRISTIAN DÍAZ
La Mimosa hostilis es una de las plantas que contiene DMT. CRISTIAN DÍAZ

Solo hasta los 90 la investigación fue más profunda, se publicaron libros sobre extracción y botánica, se dictaron conferencias alrededor de la molécula y las prácticas se potenciaron. Gracias a psiconautas como Strassman, y el filósofo y escritor Terrence McKenna, el DMT comenzó a llamar la atención. “El DMT provocó que me cuestionara sobre qué es la realidad, el lenguaje, el ser, el espacio y el tiempo tridimensional. Todas las preguntas en las que me adentré durante los siguientes 20 años”, declaró McKenna. Tras probarlo más de 50 veces, llegó a la conclusión de que “no es solo una alucinación”, sino una presencia inteligente que, por alguna razón, “quiere comunicarse con nosotros”.

En la primera década de este siglo, grupos de eruditos en psicología, farmacología, botánica, filosofía y química crearon DMT Nexus, una página de Internet donde las personas podían consultar información y aclarar dudas sobre la molécula. A partir del auge del Internet y las computadoras, el mundo propagó los conocimientos de las plantas, las sustancias sintetizadas y sus múltiples formas de consumo.

Un viaje hacia la expansión de la consciencia

Cristian Díaz, experto en botánica, candidato a magíster en Culturas y Drogas de la Universidad de Caldas, y quien ha probado el DMT innumerables veces, asegura que la experiencia visual, cuando se fuma DMT en dosis bajas, comienza con algo que él llama “geometrías sagradas”. Después de la primera calada verán mandalas, fractales, triángulos y cuadrados de diferentes colores. Muchas veces serán patrones de la naturaleza, como hojas, árboles y figuras circulares que parecen galaxias. Si lo quieren conocer de primera mano sin haberlo probado, vean la escena que abre la película Enter the Void, de Gaspar Noé. Con los ojos cerrados las geometrías son más claras, y con los ojos abiertos parecerá “una capa que cubre la realidad”. Los sonidos se pueden tornar más agudos de lo normal y es común escuchar ruidos como ¡Ooouhh!, parecido al que emana del didyeridú, un instrumento africano de viento.

Con una dosis más alta ocurre la llamada “despersonalización del ego”. Por lo general, las personas sienten que se desprenden de su cuerpo y están fuera de sí mismos, como si se transportaran a otra dimensión que no contempla lo físico. Tal y como le pasó a Rafael, pueden padecer y sentir que van a morir. En esta fase es vital perder el miedo, porque la conciencia prácticamente entrega la voluntad, el poder de controlar lo que eres y lo que ves. “La despersonalización del ego es cuando tienes que cederle el manejo de tus pensamientos y lo que eres a una fuerza superior. Es una relación de intercambio”, afirma Cristian. “Si caes en pánico, te ‘malviajas’. Por eso la meditación es buena para estas experiencias, para entender que por unos minutos tu cuerpo no entenderá el mundo a través de sus neurotransmisores normales, sino a través de una realidad modificada”.

MONSTRUOS, PIERNAS Y MANDALAS: Verónica, una de las entrevistadas, dibujó su experiencia, en la que se encontró con un monstruo de un ojo y muslos con boca, dientes y lengua.
MONSTRUOS, PIERNAS Y MANDALAS: Verónica, una de las entrevistadas, dibujó su experiencia, en la que se encontró con un monstruo de un ojo y muslos con boca, dientes y lengua.

De ahí en adelante, el viaje se desprende en tres categorías que podrían ocurrir al mismo tiempo o por separado. La primera la denominaremos “arquitecturas”. Esto equivale a lugares donde las personas llegan, que pueden ser pirámides, edificios, parajes fantásticos y espacios nunca antes visitados. La segunda es conocer “seres”. En medio de la experiencia se pueden encontrar con familiares, desconocidos, extraterrestres, monstruos, hadas, elfos y criaturas mitológicas. A veces se intentan comunicar, y otras veces no. Finalmente, la tercera y última es el encuentro con los “lenguajes”, que significa la aparición de símbolos, signos, idiomas desconocidos y sonidos misteriosos. Por ejemplo, una de las leyendas urbanas más conocidas en el mundo de los psicodélicos es sobre Francis Crick, uno de los neurocientífcos que descubrió la estructura molecular del ácido desoxirribonucleico (ADN). Crick y su equipo tenían completamente clara la composición y los elementos del ADN, pero no lograban entender cómo se podía organizar en la célula. Al parecer, Crick tomaba pequeñas dosis de LSD en sus estudios y en uno de sus viajes vio la escalera en espiral conformada por adenina, timina, guanina y citosina; eso sería un lenguaje.

En medio de esta investigación, no encontramos ningún consumidor que manifestara haber tenido una experiencia “negativa” o “mala”. Pero a veces sí puede resultar abrumadora para las personas por la cantidad de información que pasa por sus cerebros en tan solo 15 minutos. “Normalmente, los humanos tenemos un pensamiento lineal, pero cuando estás en DMT puedes pensar en 10 cosas al mismo tiempo sobre lo que está pasando”, cuenta Cristian. Y para algunos es complicado recordar con claridad toda la experiencia. McKenna aseguraba que el DMT posee un mecanismo de autoeliminación, tal vez porque vemos situaciones y tenemos pensamientos tan ilógicos que no lo podemos asimilar. “La manera en que se desvanecen los sueños es la misma en que se desvanece el DMT. A la misma velocidad”, escribió en uno de sus fragmentos justo después de fumar.

MONSTRUOS, PIERNAS Y MANDALAS: Verónica, una de las entrevistadas, dibujó su experiencia, en la que se encontró con un monstruo de un ojo y muslos con boca, dientes y lengua.
MONSTRUOS, PIERNAS Y MANDALAS: Verónica, una de las entrevistadas, dibujó su experiencia, en la que se encontró con un monstruo de un ojo y muslos con boca, dientes y lengua.


Como con cualquier psicodélico, como el LSD o el MDMA, la experiencia también dependerá del estado emocional del usuario y su disposición. Los viajes se distinguirán dependiendo de las culturas, los pensamientos, los traumas perinatales, de adolescencia y de niñez, el entorno y las personas que los rodean. Lo que sí diferencia al DMT de las demás es que es recomendable consumirla en un ambiente tranquilo, sin mucho ruido y de relajación. “Esto no es un juego. He escuchado que ahora la gente fuma DMT en las fiestas, pero es muy peligroso por su potencia”, advierte Ana María. “Su mal uso no trae la iluminación ni el conocimiento. Eso sería un pensamiento reduccionista. Si no hay una retroalimentación de esas prácticas a la vida cotidiana, se vuelven un sinsentido. Hay que entender cómo el DMT permite conocerte, cambiarte y crecer a futuro”, reflexiona Cristian.

El psicólogo y médico psiquiatra Carl Jung alguna vez escribió: “Hasta que el inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú le llamarás destino”. Cualquiera podría consumir sustancias de manera recreacional para pasar el rato, pero hay que tener claro que el DMT es una herramienta distinta a las demás. Su razón de ser en el mundo sigue siendo desconocida; por tanto, hay que estudiarla, prestarle atención y tener presente su inmenso poder en la espiritualidad y su consecuente perspicacia ante la forma de ver la vida para las personas. Más allá de aquellos apodos como “los ojos del alma” o “la molécula de Dios”, el DMT ha traspasado barreras físicas que muchas veces no se pueden explicar con palabras, y no es comparable con ninguna otra experiencia.

Tal vez, después de leer esta investigación y llegar hasta el final, tengan más preguntas que respuestas sobre el DMT. Y lo siento, de verdad, porque yo quedé en las mismas…

*Nombres modificados para la protección de la fuente.

La sustancia sintetizada es un cristal endeble, de color naranja, amarillo o salmón. CRISTIAN DÍAZ
La sustancia sintetizada es un cristal endeble, de color naranja, amarillo o salmón. CRISTIAN DÍAZ

DMT, más visual que nunca

Para Verónica*, a diferencia de Rafael y Ana María, la experiencia con DMT no fue trascendental, pero fue la más visual de las tres. Aquí se pueden identificar con facilidad las fases (geometrías sagradas, despersonalización del ego, arquitecturas, seres y lenguajes).

Primera vez que fumó: “Después de botar el humo, comencé a ver figuras naturales que se repetían (geometrías). Eran mandalas de colores fosforescentes, entre verde y rojo, y unas hojas de marihuana. Al mismo tiempo, un sonido fuerte y tembloroso retumbaba en mi oído. Luego, yo estaba en un palacio gigantesco (arquitecturas), pero que no tenía una forma lógica. Y al fondo, veía un monstruo (seres) parado sobre cuatro puntas, con pezuñas en la boca y solo un ojo. No me asustó, pero mientras exploraba el lugar me acordaba de él y lo veía cada vez más lejos”.

Segunda vez que fumó: “Cuando cerré los ojos, vi un piso de baldosas hexagonales (geometrías). Se iban separando de a poco y luego se despegaron por completo con una rapidez impresionante. Ahí sentí que salí de mi cuerpo (despersonalización del ego). Veía muchas imágenes, pero la que más recuerdo fueron unas piernas que se replicaban. Era un muslo completo, pero tenía boca y dientes. La boca se abría y se cerraba, y ahí salía la lengua. Tras unos segundos, se comenzaron a comer entre sí y me dio un ataque de risa por lo absurdo que era. Luego, llegué a una casa que tenía escaleras en forma de caracol que iban creciendo (arquitecturas). Parecía que a medida que yo caminaba, la casa se iba creando. Había un cuarto con un sofá y un tapete de terciopelo rosados, y un espejo al costado. Cuando me vi directamente a los ojos en el espejo, me metí en otra habitación, como si fuera un portal. Eso me transportó a una habitación azul con tres personas (seres) que fumaban y hablaban. Yo no las reconocía, pero me sentía acompañada”.