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Las demandas de la ciudadanía que van más allá del comité nacional del paro

Este paro nacional es histórico en gran medida por la diversidad de quienes lo componen, especialmente las mujeres, y exigen ser incluidas en las negociaciones
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Las calles de Bogotá siguen llenas en los días del Paro Cívico Nacional, pero no son las únicas. Desde el 21 de noviembre estamos viviendo un momento histórico de movilización ciudadana en todo el país. Tal vez nadie se imaginaba que era posible que un paro se extendiera por tantos días en Colombia, pero está ocurriendo. Desde aquella noche del 21N, más allá de las protestas en las plazas y calles, algo nuevo pasó. En miles de casas, la gente cogió ollas y palos para hacer ruido y mostrar su inconformidad. La ciudadanía se hizo sentir fuertemente en un cacerolazo sin precedentes. 

El paro del 21N fue convocado inicialmente por las centrales obreras y a este llamado se unieron distintas organizaciones sindicales, sociales y estudiantiles. Sin embargo, poco a poco la ola de organizaciones, pero sobre todo de ciudadanos del común, se sumaron a esta movilización masiva. El paro excedió lo convocado el 21. El paro ya no es solo de las centrales obreras. 

El encuentro ciudadano ha potenciado escenarios de organización y resistencia desde los barrios en asambleas populares, desde las organizaciones feministas y estudiantiles y hasta personas de todas las edades que no quieren perderse el ser parte de la historia. Muchas y muchos dicen no sentirse representados en las demandas del Comité Nacional del Paro (CNP) y por eso trabajan desde diferentes espacios para mantener viva la movilización. 

El martes 3 de noviembre se reunieron, por primera vez de forma exclusiva, el gobierno nacional y el comité. El día anterior, Iván Duque había accedido a la reunión con la condición de que se cancelaran las nuevas jornadas de paro programadas para el miércoles 4 de diciembre (luego que desde el Gobierno los mensajes parecían desconocer el impacto de la movilización masiva). Al no llegar a acuerdos, se decidió retomar los diálogos el próximo jueves 5, pero el paro continuó el #4D. Sin embargo, a esta historia de negociaciones le falta una pieza. ¿Qué hubiera pasado si el CNP hubiera seguido en negociaciones? ¿Se habría cancelado el llamado a la movilización? Al parecer, no. 

Cada vez más sectores y grupos de ciudadanas y ciudadanos muestran una postura crítica que se desmarca del comité. No se trata de que no apoyen el paro o no reconozcan la importancia del comité en otros momentos y espacios. Por el contrario, la ciudadanía se está apropiando del paro desde múltiples escenarios que no son los de los sindicatos o los partidos políticos. Los 13 temas planteados por el comité en su pliego de peticiones dejaron de lado temas que muchas organizaciones reclaman y diversas poblaciones no parecen sentirse representadas en los actuales miembros del comité. 

Olga Amparo Sánchez, de Casa de la Mujer, lo explica diciendo que en el CNP nunca pensaron que el paro del 21 iba a tomarse las calles después de ese día, que la ciudadanía indignada con jóvenes, mujeres, pensionados, la población LGBTI se iba a tomar las calles como una forma de romper con los liderazgos tradicionales. “El comité del paro tiene liderazgos que han cumplido un papel importante en el país, no se puede ser injusto con eso, pero no es audible ante otra gente que está demandando derechos y ciudadanía y diciendo que las demandas no se agotan solamente en lo económico. Está por ejemplo el ambiente, o las mujeres”, dice.

Diversas organizaciones de mujeres critican por ejemplo que las peticiones no tengan contemplado ningún aspecto que toque los derechos de las mujeres y haga explícito que esta población sufre de maneras distintas. Para Sánchez, lo que está ocurriendo muestra que lo que está en crisis no es solo el sistema económico, sino el patriarcal, “se puede decir que en la reforma fiscal, en lo pensional, en el desmonte del ESMAD se afecta también a las mujeres, pero hay otros temas que no están ahí como el tema de la salud integral, mental, los derechos sexuales y reproductivos, las violencias, la paridad y, sobre todo, el cumplimiento del Acuerdo de Paz”.  

Para la Campaña por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en Colombia, una plataforma de mujeres que cruzan su trabajo con los temas de salud sexual y reproductiva, las exigencias que salieron en un principio del CNP y que se han modificado aún muy poco, han dejado de lado las violencias específicas hacia la mujer, incluyendo el tema laboral, campesino, étnico, sexual, social, etc. Eso sin contar que el tema de la salud, como un derecho fundamental, y las trabas en su acceso no se mencionaron en este pliego. “Entre muchas otras cosas también hacen falta las exigencias de garantías y protocolos que permitan la implementación sin barreras de los derechos sexuales y reproductivos que ya están establecidos a través de la Corte Constitucional. No solo el Gobierno nos entiende como ciudadanas de segunda categoría, sino que también tenemos que lucharnos estos espacios con el comité que se quiere sentar a negociar”, explican.

Asimismo, Daniela Santos de la Red de Mujeres Jóvenes cuenta por qué para ellas las exigencias son más amplias. “Pese a que con las reformas y el paquetazo de Duque somos la población más afectada por ser mujeres y jóvenes, la mesa no nos da un lugar de participación amplio y real, no ve nuestra voz juvenil como un actor válido y fuerte, y además sigue estando mayoritariamente conformada por hombres machistas, que no nos representan ni tienen en cuenta nuestras demandas propias”. 

Para sectores como el de personas con discapacidad, sus reclamos también van tanto hacia el Gobierno como hacia los espacios para manifestarse. Reclaman sentirse por fuera porque no pueden marchar, justamente por causas relacionadas con su salud o por la misma fragilidad en el cuerpo que para algunas se intensifica en estas protestas. Constanza Pérez, educadora e integrante de la Colectiva Polimorfas, comenta que la comunidad de personas con discapacidad ha sido vulnerada históricamente y hay una deuda enorme con esta población. “Nos hemos visto afectadas en nuestras formas de ser y de sentir por un sistema capacitista. Las consecuencias es que no nos visibilizamos en los espacios de movilización. Nuestros espacios en Latinoamérica no están preparados para nosotras y nosotros. Eso deriva en problemas para la salud mental y emocional y hacia allá van nuestras exigencias”, concluyó. 

Colombia está viviendo un momento histórico, todos lo reconocen. Una ciudadanía diversa se manifiesta en las calles en estos momentos, desde poblaciones con gran experiencia en la movilización social y la resistencia civil como la Guardia Indígena que llegó desde el Cauca a la capital del país, hasta las iniciativas populares que con exigencias heterogéneas encuentran en este paro un momento para ser escuchadas. Esa es quizás la fuerza y la particularidad de un paro que nos ha sorprendido a todas y a todos. 

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