Fotografía por Dan Winters

Alfonso Cuarón, director de Roma: “Así fueron las cosas”

Regresamos a las raíces, nos paramos en el presente y miramos al frente con el director de Roma

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La memoria nos conduce a la nostalgia y la nostalgia está hecha de dos cosas; de lo que ya no existe y de lo que queda. Hablamos con Alfonso Cuarón sobre su reencuentro con lo que queda del México en el que creció (también de lo que permanece), el musculo narrativo que ejercitó en producciones memorables como GravityLos niños del hombreo Harry Potter y cómo esa “memoria muscular” le ha permitido –según él– “hacer CINE por primera vez”.

Roma es una experiencia trascendental definida por algunos como una obra maestra, otros simplemente atisban a enunciarla como un milagro. En esta breve charla Alfonso la presenta también como producto de la intuición, como un paradójico y calculado ejercicio de libertad que fluye en un tiempo y espacio que no podía seguir cautivo en su memoria.

Las películas de Cuarón suelen concluir ante el océano. En esta conversación con ROLLING STONE describe a Roma como un salvavidas.

¿De dónde sacaste “los huevos” para hacer Roma?

[Risas] Fue una necesidad, un salvavidas para tratar de recuperar muchas cosas. Fue un sentido de pertenencia hacia un mundo, al cual solo puedo aferrarme a través de mis raíces.

¿A dónde te llevará este reencuentro?

Tengo mucha curiosidad por ver si las raíces enderezan el árbol. Viví fuera de México mucho tiempo, en la fantasía, la quimera cosmopolita que es un engaño. Puede ser bien llevado y ser muy sano, pero cuando ese cosmopolitismo no está afincado en una raíz se vuelve espiritualmente infértil. Yo solo agradezco a esta experiencia por reconectarme con esa raíz.

¿Qué sientes al pensar que el México, dividido en clases sociales, lenguas e ideas, en el que se gestó la historia permanece casi inamovible a pesar del paso del tiempo?

Hacer la película me confrontó con el entendimiento de esas tendencias negativas y problemáticas en México que no han cambiado en lo más mínimo. De hecho, los problemas se han agudizado. Sobre todo esa tremenda relación de castas que existe en nuestro país, y que se puede traducir a los países latinoamericanos y a naciones que sufren contrastes sociales y económicos tan grandes. Pero de alguna manera, con diferentes tesituras se refiere a todos los rincones del mundo.

¿Cómo fue convertir los recuerdos en algo tangible?

El guion se dio tras un año de explorar mi memoria y los recuerdos de Libo, tras conversar muchas noches por teléfono con ella y de encontrarnos. Me senté y en un mes estuve ante un primer borrador. Nunca consideré arcos dramáticos, puntos de giro, para analizar el guion desde la narrativa cinematográfica, la estructura o los personajes. Confiaba en haber construido un musculo narrativo que se haría cargo de eso y por eso no me preocupó la narrativa. Me avoqué a buscar la verdad de esos momentos.

El director Alfonso Cuarón reconstruyó los escenarios de México que quedaron en la memoria. Fotografía por Carlos Somonte.
El director Alfonso Cuarón reconstruyó los escenarios de México que quedaron en la memoria. Fotografía por Carlos Somonte.

¿Y qué viene tras encontrar esa verdad?

A partir de eso, no cuestionar. Nunca volví a abrir el guion, ni a leerlo de principio a fin. Nunca lo compartí con nadie. La preocupación se volcó en el detalle. Dedicarnos en la preproducción a descubrir los pormenores, explorar cada vez más y tratar de llevarlos fielmente. Además, desencadenó la obsesión por filmar en los lugares donde se dieron los hechos. Algunos estaban tan transformados por el tiempo que tuvimos que reproducir mucho y fue una reproducción milimétrica.

Todos los proyectos anteriores ejercitaron músculos que vemos trabajar en Roma, ¿qué fue nuevo para ti en cuanto al oficio y el lenguaje en esta aproximación a tus recuerdos?

Una vez estábamos rodando, se generó una mayor preocupación por sentir que creábamos momentos únicos, instantes que fluían en espacio y tiempo, que se conectaban con procesos anteriores donde había una preocupación por el ritmo y el contexto. Era una preocupación por cómo esas escenas se vinculaban con el resto del guion.

Fue muy sentido. Me concentré en los espacios y en el tiempo de estos personajes. Creo que es una película que, comparada con las anteriores, no trata de colgarse de la red de seguridad que ofrece una narrativa tradicional, con vueltas de tuerca y giros argumentales. Es nada más un fluir de momentos en el tiempo.

Siendo tan preciso en la recreación de espacios y situaciones, ¿no corrías el riesgo de interponerte entre el lente y la vida, como lo sorteaste, trabajando con actores primerizos que con profesionales?

Realmente fue una traducción directa, de la memoria al guion y del guion a las decisiones que tomé cada día. No me detuve a contemplar si eran actores o no, nunca los vi como tales. Nos dedicamos a buscar a personas que tuvieran una sensibilidad similar y debía permitir que ellos fluyeran brindando su propia experiencia en la escena. Fue un proceso más instintivo. Yo no sabía qué era lo que iba a tener y pensé que tendría una película de cuatro horas que muy poca gente iba a ver.

¿La libertad de no dirigirse a un sistema de exhibición tradicional te permitió mayor libertad en cuanto a las decisiones y al proceso creativo?

Esta película no fue producida por Netflix, fue producida por mi compañía y por Participant Media. Después de terminarla la pusimos al mercado, exploramos varias posibilidades y decidimos irnos con Netflix.

¿Qué los llevo a tomar esta decisión?

Por un lado, reconocer que la realidad de lo que se llama “cine de arte” o “cine de lengua extranjera” es muy limitada y nosotros teníamos mayores ambiciones, buscábamos alcanzar la mayor audiencia posible. Hay que reconocer que los tiempos están cambiando y me interesaba ser parte de la ruptura de un paradigma.

“Roma no trata de colgarse en la red de seguridad con una narrativa tradicional, vueltas de tuerca y giros argumentales”, afirma Cuarón. Fotografía por Carlos Somonte.
“Roma no trata de colgarse en la red de seguridad con una narrativa tradicional, vueltas de tuerca y giros argumentales”, afirma Cuarón. Fotografía por Carlos Somonte.

Romper paradigmas implica asumir riesgos…

Fue un riesgo en un principio. Es una plataforma acostumbrada al éxito que deviene de hacer las cosas a su manera. Era parte de su política no exhibir nada en cines antes de que se exhibiera en su plataforma. Roma logró que en varios territorios se exhiba incluso tres semanas antes de su estreno, en una cantidad de salas que ha rebasado nuestras expectativas con respecto a una exhibición convencional. Encima de esto está la transición hacia la plataforma. Una película sucede, tiene su vida en las salas y después la encontrarás en una plataforma, sino que de entrada Roma tiene su identificación y un lugar en la plataforma. El problema de las plataformas es que la película puede quedar perdida en una librería infinita, pero ahora hay una identificación muy clara. La gente sabe dónde está Roma.

¿Qué nos cuentas sobre la experiencia para los amantes del cine en salas y plataformas?

Creo en la experiencia de la sala, es una experiencia óptima. La experiencia visual, sensorial y auditiva es única. Mucho de eso no se reproducirá en un sistema doméstico. Sin embargo la experiencia íntima seguirá ahí. Lo mismo pasa con cualquier película de exhibición tradicional. Pero así como defiendo la experiencia de las salas de cine, defiendo todavía más la experiencia de cines con diversidad. El mayor problema de la exhibición en salas es la sensación monotemática hollywoodense.

En un momento de la historia en el que lo importante es la diversidad en el cine y que la humanidad se relacione con otras culturas, el cine es una muy buena puerta para la empatía y el entendimiento.

También se convirtió en una cuestión de convicción el hacerlo de esta manera.

¿Cómo fue la proyección que pudiste tener para tu madre?

Mi madre ya estaba muy vulnerable, le quedaban un par de meses de vida y no quise arriesgarla. Cuando tuve un corte muy cercano al corte final hice una proyección exclusiva para ella, para Libo, mis tres hermanos. Fue un momento muy emocionante. Ella nada más nos decía: “Es que así fueron las cosas. Así fueron las cosas”. Es lo que ella decía.