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Había una vez… en Hollywood

La novena película de Tarantino es toda una obra maestra que le rinde homenaje al cine del ayer, que habla sobre la pérdida de la inocencia y que nos recuerda el poder catártico y curativo del cine
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Un actor decadente y su amigo doble de acción, se hacen vecinos de la actriz Sharon Tate en la víspera de la masacre perpetrada por cuatro miembros del clan Manson.

Había una vez…en Hollywood(título homenaje a dos cintas de Sergio Leone), es la novena (y quizás la penúltima) película de Quentin Tarantino, pero también es la segunda en basarse en un acontecimiento histórico para contar una historia de ficción (siendo la otra Bastardos sin gloria).

En este caso, el escenario no es la Segunda Guerra Mundial, sino el Hollywood de finales de los 60, que fue testigo de la grotesca muerte de la actriz Sharon Tate, la esposa de Roman Polanski, a manos de cuatro miembros del clan liderado por Charles Manson.

En la cinta de Tarantino, la hermosísima Sharon Tate (interpretada a la perfección por Margot Robbie), tiene como vecino al actor Rick Dalton (Leonardo DiCaprio en una de las mejores interpretaciones de su carrera). Dalton fue el protagonista de una popular serie de televisión sobre el lejano oeste llamada Bounty LawLuego de que la serie fuera cancelada, la carrera de Dalton va en descenso, mientras que su alcoholismo va en ascenso. Su mejor amigo y empleado es Cliff Booth (Brad Pitt con una presencia avasalladora), antiguo doble de acción de Dalton y un hombre con un pasado oscuro (al parecer, asesinó a su esposa).

Dalton y Booth son personajes ficticios (aunque recuerdan mucho a la dupla conformada por Paul Newman y Robert Redford), pero a lo largo de esta cinta de más de dos horas de duración (donde cada segundo tiene valor), ellos van a interactuar con personajes extraídos de la realidad como Bruce Lee, Steve McQueen, el elenco de la serie de vaqueros Lancer (James Stacy y Wayne Maunder) o el mismo clan Manson. Asimismo, la cinta de Tarantino guarda mucha relación con Joeuna violenta película de 1970 dirigida por John G. Avildsen y protagonizada por Peter Boyle y Dennis Patrick, acerca de dos hombres que odian a los hippies.

Al Pacino (en su primera colaboración con Tarantino) hace una breve pero poderosa aparición interpretando a Marvin Shwarz, el agente de Dalton, quien le revela los secretos de Hollywood para convertir a un protagonista en paria y le recomienda viajar a Italia para convertir en realidad su sueño de ser un actor de cine (como lo hizo Clint Eastwood, luego de que culminara su serie de televisión Rawhide).

Como es costumbre en una película de Tarantino, todos los actores dan lo mejor de sí, así su aparición sea muy breve. Mike Moh es fantástico encarnando a un arrogante Bruce Lee, Damien Lewis es perfecto como Steve McQueen, el fallecido Luke Perry hace una contundente aparición como Wayne Maunder y Kurt Russell deja su huella como Randy, un coordinador de escenas de riesgo. Pero más que el narrador de la película, Dakota Fanning es aterradora interpretando a Lynette “Squeaky” Fromme, un miembro de la “familia Manson”, y Julia Butters es encantadora como la actriz infantil Trudi Fraser, quien está inspirada en Meryl Streep pero que incluye ecos de Melissa Gilbert. Vale la pena anotar que Burt Reynolds iba a interpretar George Spahn, el dueño del rancho donde antes se hacían series de vaqueros, pero que terminó hospedando a los seguidores de Manson. Su muerte repentina ocasionó que fuera reemplazado a última hora por Bruce Dern, quien lo hace muy bien.

La fotografía de Robert Richardson (quien evoca de manera meticulosa la apariencia tanto del Hollywood de antaño como las cintas producidas en el mismo período), el diseño de vestuario de Arianne Phillips (hermoso y efectivo) y la edición de Fred Raskin (digno reemplazo para Sally Menke, la antigua colaboradora de Tarantino quien falleció en 2010) también hacen un esfuerzo sobrehumano para que esta cinta se sienta grande y llena de vitalidad.

Los seguidores de Tarantino que lo buscan solo por las erupciones de violencia de sus películas y que ignoran el talento del director para la construcción de personajes y los diálogos (por algo muchos odiaron a la maravillosa The Hateful Eight) van a tener lo que quieren, pero deberán esperar hasta el último acto. El desencadenante se produce cuando Pussycat (Margaret Qualley), una seguidora del clan Manson, invita a Booth al rancho donde vive con su grupo, y es este quien empieza a sospechar de las oscuras intenciones de este grupo de hippies aparentemente apacibles.

El mismo Tarantino le rogó a los espectadores y críticos no revelar los secretos de la obra (al mejor estilo de Hitchcock), y es por esto que no se puede decir mucho más sobre la historia y sobre su explosivo final, el cual seguramente generará mucha controversia. Lo que sí se puede decir, es que Había una vez…en Hollywood es un grandioso homenaje al cine y a la televisión del ayer, llena de guiños y referencias. Es también un relato sobre la pérdida de la inocencia de Norteamérica, que incluye visos de esperanza. Pero además, es una película catártica en el mejor sentido de la palabra, que le permite a los espectadores descargar toda su ira producto de la frustración causada por un mundo injusto, gracias al poder mágico, transformador y curativo del cine.