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Jojo Rabbit

El director, actor y guionista neozelandés Taika Waititi continúa con la tradición de satirizar los demonios del nazismo con una alocada comedia ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

Director/Actor: Taika Waititi

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Un niño que tiene como amigo imaginario al mismísimo Adolf Hitler descubre que su madre ha ocultado en su casa a una niña de orígen judío, en una comedia disparatada pero también muy humana, cortesía del mismo director de Thor: Ragnarok.

Imagine a El tambor de hojalata (la película de 1979 basada en la novela homónima de Günther Grass, acerca de un niño que se niega a crecer en medio de la Alemania nazi), dirigida por Mel Brooks, y se hará una idea de lo que Taika Waititi se arriesgó a hacer con su alocada comedia Jojo Rabbit. 

Basada en El cielo enjaulado, la novela de la escritora neozelandesa Christine Leunens publicada en 2008, esta película (en un tono muy diferente al de su fuente de inspiración) cuenta la historia de un niño de diez años de edad llamado Johannes Betzler y apodado “Jojo” (interpretado brillantemente por Roman Griffin Davis), quien es partícipe de la juventud hitleriana en la Alemania liderada por Adolf Hitler.   

Jojo vive solo con su madre Rosie (una estupenda Scarlett Johansson), ya que su padre se ha tenido que ir a la guerra y su hermana ha fallecido; tiene un compañerito llamado Yorki (un excelente Archie Yates) y es adoctrinado en el nazismo por el capitán Klezendorf (un maravilloso Sam Rockwell) y Fraulein Rahm (una graciosísima Rebel Wilson). Este niño está convencido de las virtudes del nacionalsocialismo y, de hecho, tiene como amigo imaginario al mismísimo Führer (Taika Waititi en una delirante interpretación de Hitler).

Luego de un accidente con una granada que casi acaba con su vida, pero que termina desfigurando su cara, Jojo descubre que su madre ha mantenido oculta en su casa a una niña de origen judío llamada Elsa Korr (Thomasin McKenzie). Poco a poco, el niño con el cerebro lavado por su contexto, va conociendo (y queriendo) a Elsa, para darse cuenta de que ella es un ser humano de carne y hueso, y no el demonio o el monstruo que le habían hecho creer. 

Waititi, el autor de ese fabuloso falso documental sobre vampiros llamado What We Do In The Shadows, esa versión para adultos de Up titulada Hunt For The Wilderpeople y esa hilarante entrega del superhéroe Thor conocida como Ragnarok, hace uso de una música atemporal (al mejor estilo de Tarantino en Inglourious Basterds) para ambientar su historia, que incluye a Sie Liebt Dich, la versión en alemán de I Want To Hold Your Hand de los Beatles; y Helden, la versión en alemán de Heroes de David Bowie. Asimismo, logra pasar de una manera orgánica de la comedia más disparatada a unos momentos de verdadera ternura (y no el edulcoramiento cursi que bordeaba lo ofensivo, utilizado por Roberto Benigni en su cinta La vida es bella). 

Más allá de un mensaje sobre los peligros de la tiranía y las ideologías que promulgan el odio y la discriminación (que no deja de ser pertinente), la película de Waititi, además de ser sumamente divertida, triunfa al brindar una dimensión humana a su relato, hace que nos compenetremos con Jojo y su descubrimiento de un mundo sesgado por las mentiras y los prejuicios.