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Les Garçons Sauvages

El director Bertrand Mandico nos entrega una película experimental más que apropiada para los amantes del zapping y del copy / paste

Director/Actor: Bertrand Mandico

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Más que una película, Les Garçons sauvages parece un mosaico que incluye extractos de las cintas de los autores favoritos del director francés Bertrand Mandico. ¡Ah! La cultura del simulacro…

Cortesía Black Velvet

Piense en la siguiente receta cinematográfica: primero, se agregan algunas escenas extraídas de las películas de Jean Vigo, Jean Cocteau, Luis Buñuel, Maya Deren, Kenneth Anger, Alejandro Jodorowsky, David Lynch, Guy Maddin, Gaspar Noë, y E. Elias Merhige; luego, se le añade a la mezcla una historia producto de la fusión de El señor de las moscas con La naranja mecánicay por último, se condimenta con un subtexto feminista, una fuerte carga de símbolos sexuales, una bella fotografía y una meticulosa dirección de arte. Se revuelve con fuerza y se sirve frío y crudo.

Ese es el plato (pesado y casi indigesto) llamado Les Garçons sauvagesy que es preparado y ofrecido por el director francés de cortometrajes Bertrand Mandico, quien debuta con esta, su primera película en formato largo.

Gracias a la estilización del sexo y la violencia explícita (alternando imágenes en blanco y negro con otras en refulgente color y utilizando escenarios artificiales, proyecciones de fondo y sobreimpresiones al estilo de Maddin, así como diálogos poéticos al estilo de Cocteau, y simbolismo queer al estilo de Kenneth Anger), esta cinta de explotación sobre jóvenes degenerados (al estilo de Noë), bien puede pasar como una obra experimental que coquetea con el horror (al estilo de Lynch o Mehrige).

La historia (la cual continuamente se desquicia con imágenes surrealistas al estilo de Buñuel, Jodorowsky y Vigo), está ambientada a comienzos del siglo XX y gira en torno a cinco jóvenes delincuentes de clase alta (todos interpretados por chicas), quienes violan y asesinan a su maestra de literatura y son enviados al mar como castigo. Allí, son obligados a trabajar, son torturados y son alimentados con una especie de higos peludos, por un capitán holandés que se siente orgulloso de su masculinidad y de su pene tatuado (piensen en la versión perversa del viejo Jules, el marino de L’Atalante de Vigo).

El capitán y los pilluelos llegan a una isla misteriosa en la que las ramas de los árboles eyaculan un líquido lechoso que los jóvenes succionan con fruición, y flores que los reciben como si fueran mujeres con sus piernas abiertas.

Que no sea clara la intención de Mandico (quien también escribió el guion) es algo que se perdona. Lo que sí es inadmisible, es que Les Garçons sauvages pretende pasar como un trabajo perturbador, irreverente y creativo, cuando en realidad no contiene un solo ápice de originalidad (inclusive su título hace referencia a un video musical de la agrupación Duran Duran).

Los millennials que desdeñan del pasado y que no tienen la costumbre de ver nada más viejo que ellos, probablemente la encontrarán sorprendente, excéntrica, delirante e innovadora. Aquellos espectadores curtidos en el cine de autor (especialmente el experimental), la encontrarán pretenciosa, trillada, vacía e indulgente.