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De la tradición al paladar y del paladar al espíritu

La Bonga del Sinú nos enseña que el valle del Sinú es una región llena de misticismo, que se trasladó a un punto especial de Bogotá para demostrar una vez más que el diseño y la gastronomía van de la mano
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PLATOS FUERTES Y PLATOS PARA COMPARTIR: La Bonga del Sinú ofrece carnes y comida tradicional cordobesa de la más alta calidad.

CORTESÍA LA BONGA DEL SINÚ

En la capital del país muchas cosas resultan inciertas y ahí radica buena parte de su encanto; no es fácil cumplir una cita de forma puntual al otro lado de la ciudad aunque hayamos salido con algunas horas de antelación; muchas veces también resulta titánico saber qué vestir porque el clima nos juega malas pasadas, y lo que parece un día soleado puede terminar en tormenta eléctrica sin previo aviso. Así vamos un poco por la vida.

Sin embargo, Bogotá tiene reservada una porción de magia para quien esté dispuesto a recibirla, y las nuevas o renovadas propuestas gastronómicas y culturales son toda una caja de sorpresas que nos muestran que no todo puede ser tan malo y que en los rincones más inesperados habrá momentos para recordar y repetir.

Precisamente este fue el caso de mi visita a la Bonga del Sinú del parque de la 93. Aunque es un restaurante de gran renombre desde hace más de 30 años y cuenta con sedes en ciudades que también incluyen a Montería, Cartagena y Barranquilla, en donde el sabor de sus carnes y su comida tradicional cordobesa marcan la parada, me encontré en Bogotá con un espacio al que la palabra espectacular le hace honor.

CORTESÍA LA BONGA DEL SINÚ

Lo primero que salta a la vista es su amplitud dividida en dos pisos; la decoración moderna, impactante y vanguardista asentada en elementos autóctonos y milimétricamente pensados para hacernos pasar un rato de lujo a través de finos detalles, como el piso que simula los tejidos de un sombrero vueltiao o las paredes coloridas que asemejan la parte trasera y lateral de las famosas chivas costeñas.

El arquitecto colombiano Miguel Soto Casas, responsable del diseño de reconocidos restaurantes, fue quien intervino este lugar y lo puso a otro nivel.

“Sabemos que ciudades como Bogotá son supremamente competitivas y que la gastronomía se ha desarrollado a gran escala, esa es la razón por la cual nosotros estamos cambiando de look y dando un nuevo concepto con el cual quisimos estar más acorde a lo que se ve actualmente en la ciudad”, explica Katia Margarita Rodríguez, gerente nacional de la Bonga del Sinú, refiriéndose concretamente a la sede del parque de la 93, cuyo diferencial con respecto a las Bongas de la calle 116 y Usaquén, es su arquitectura y diseño.

Otra de las particularidades de esta Bonga, es que no solo está adecuada para almorzar en familia, sino que también está pensada especialmente para tardear o para tomar en la noche unas buenas copas o cócteles a base de frutas como el corozo, el níspero y la guayaba agria, entre otros. Un ambiente que entrelaza las raíces con el resto del mundo, convirtiéndolo en un sitio muy auténtico pero también muy cosmopolita. 

El valle del Sinú comprende a todas las regiones que son atravesadas por el río que lleva el mismo nombre, un territorio fértil tanto en fauna como en flora. Este río, uno de los más importantes del país, nace en el Nudo del Paramillo, en el municipio de Ituango en Antioquia, pero recorre mayoritariamente el departamento de Córdoba y desemboca en el mar Caribe.

Mientras un cielo nublado y amenazador se posaba esa tarde de miércoles sobre la ciudad, yo probaba por primera vez el mote de queso y el jugo de níspero, una fruta originaria de la costa colombiana. La palabra níspero suena un poco a “víspera”, y así era justo cómo me sentía entre estos dos nuevos sabores. Era toda una festividad que celebraba la estimulación de los sentidos y la aproximación a una parte de la extensa y variada cultura colombiana. 

CORTESÍA LA BONGA DEL SINÚ

Aunque el Mote de queso puede ser todo un plato fuerte, lo tomé como entrada en una pequeña porción, ya que cuando empezaron a caer las primeras gotas de lluvia, una exquisita picada de butifarra, chorizo, chicharrón y yuca, acompañada de ají, suero costeño y guacamole, se servía en mi mesa y fue una verdadera fantasía que me hizo recordar que la comida es el gran placer de la existencia.

La lluvia se volvió torrencial, así que me sentí afortunada de estar bajo un gran techo que me protegía de la tempestad y de haber encontrado a dos nuevas amigas que conocí en la mesa, con quienes casualmente teníamos en común haber vivido en ciudades pequeñas de Francia. Voilá!, apareció ante nuestros ojos un tercer plato: la Viuda rica, que consta de una carne salada, con queso costeño y tomate encima, acompañada de plátano y yuca, todo esto sobre una hoja verde de plátano. Casi de inmediato llegó el Arroz sinuano, cuyo sabor marcadamente dulce lo acentúa los pedacitos de plátano, y que a su vez lo contrarresta el queso rallado costeño, haciéndolo un plato que quisiéramos repetir una y otra vez. 

Cuando pensaba que mi jornada como comensal estaba terminando, el mesero aterriza sobre la mesa el Mongo mongo, un postre típico de la región, cuyo elemento esencial es una masa compuesta por frutos como plátano maduro, mango, papaya, piña, coco y mamey, que se prepara únicamente en época de Semana Santa en leña y a fuego lento durante siete días, siendo un complemento que cierra de la mejor forma esta experiencia en donde el sabor salado e intenso, típicos de la culinaria costeña, quedan en el paladar, combinando de forma perfecta con el azúcar natural de sus ingredientes. 

La Bonga, mejor conocida como Ceiba, es un árbol redondo y frondoso simbólico en la costa, una de las especies con mayor protagonismo en la cultura popular de esta región, además de ser el logo de este restaurante que trasciende a su sede principal en Montería, en donde este gran arbusto que le dio nombre al recinto gastronómico, se posa aún allí. 

Pasaban los minutos y la tormenta continuaba cayendo con fuerza sobre el asfalto, ahora acompañada de truenos y relámpagos. Pocas veces en mi vida había deseado que la lluvia no parara solo para poder continuar disfrutando de este lugar que bordea el realismo mágico con el calor que emana a través de la tradición y la forma en que deleita el paladar y el espíritu, sin importar el clima. 

CORTESÍA LA BONGA DEL SINÚ

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