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Conoce las legendarias fotografías de ROLLING STONE en Woodstock

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Baron Wolman llegó hace 50 años a Woodstock para fotografiar y cubrir el festival para ROLLING STONE. Él fue el primer director de fotografía de la revista y se encargó de documentar todo lo que pasó esos días. Estuvo ahí cuando Santana tocó Soul Sacrificey cuando Grace Slick de Jefferson Airplane cantó Somebody to Love. Pero su prioridad era capturar la esencia del público, el corazón de Woodstock.

“Fue la tormenta perfecta”, le cuenta a ROLLING STONE desde su casa. “50 años después la gente sigue habla de Woodstock y el significado que tuvo. Está claro que fue y todavía es un evento importante para mostrar lo lejos que llegó la paz, el amor y la música. ¿Qué otros eventos han perdurado tanto tiempo? El ataque a Pearl Harbor. La construcción y la caía del Muro de Berlín. Y Woodstock”.

¿Cómo fue el viaje para llegar al festival?

Fue una locura. Miré el mapa y dije, “Bueno, este es el camino más corto”. Resulta que 72 mil personas pensaron lo mismo. Saqué mi mapa y vi que había una carretera destapada que era paralela a la 17B, que llevaba al mismo lugar. Juré que nadie sabia, cogí a la izquierda y fui por ahí. No había ni un alma y llegué lo más rápido que pude. En el camino había un motel. Mientras todos se quedaban en el barro y bajo la lluvia, yo regresaba allá y dormía bien. Estaba a 16 kilómetros y nadie lo conocía.

¿Cuándo te diste cuenta de que Woodstock era inmenso?

No puedes estar en un escenario, ver 400 mil personas y no darte cuenta de que es algo gigantesco. Nunca se había reunido tanta gente para un concierto. Sabía que iba a ser algo inolvidable, pero no tenía en cuenta en lo que se iba a convertir, lo que significaría para la sociedad y para las futuras generaciones.

Cuéntame de esa foto en la que sales tocando el cencerro y Santana está atrás tuyo.

Esa es una buena historia. Bill Graham tomó esa foto. Él estaba con Santana, atrás con el cencerro y yo le saqué una fotografía. Luego me dijo, “¡Baron! Siéntate, déjame tomarte una con el cencerro”. Terminó siendo mejor que la que yo hice. Hay una gira del festival y está ese mismo cencerro. Lo miro y pienso, “¡Yo lo toque!”.