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Depeche Mode: un amor extraño

La versión en piano y voz de Strangelove fue solo una de las tantas joyas que los de Basildon nos regalaron.
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Con puntualidad británica, las luces fueron apagándose a las 8:43 pm, dando paso a una grabación de Revolution, de los Beatles. De algún modo eso sentó un precedente para que Depeche Mode ofreciera un show en el que la política y los cuestionamientos sociales tuvieron mucho espacio junto a temas como el deseo, la pasión, el dolor y la espiritualidad.

Temas como Everything CountsWhere’s the RevolutionGoing Backwards Walking in my Shoes, hábilmente apoyados por las visuales, fueron fundamentales al abarcar temáticas profundas desde diversas etapas de la carrera de la banda de Gahan, Fletcher y Gore.

Se trató de un concierto sólido, denso y lleno de clásicos, perfecto para fanáticos fieles, sin descuidar a quienes no se han atrevido a ir más allá de los hits.

Una de las claves de los shows de Depeche Mode se fundamenta en la forma en que Dave Gahan y Martin Gore comparten protagonismos; Gahan es un barítono poderoso, y Gore maneja un rango vocal muy amplio, además de encargarse de la guitarra, teclados y composiciones. El tipo es un genio. Por su parte, Andy Fletcher mantiene todo eso reunido bajo una presencia discreta pero esencial.

Gore se encargó de las voces en momentos decisivos, como Home y Strangelove, acompañada solo por el teclado del incondicional Peter Gordeno, que junto al baterista Christian Eigner completa dos décadas acompañando al trío.

Gahan se mostró en plena forma, cantó con la habitual precisión, y se esforzó por echarse al bolsillo a un público que parecía desconcertado por momentos. Una maravilla como Barrel of a Gun puede resultar demasiado oscura para alguien que apenas esté acercándose a DM tras haber escuchado la bellísima Enjoy the Silence. Sin embargo, el nivel de este impecable espectáculo no decayó en ningún momento; ¿qué más se podía esperar? Esto es Depeche Mode, una banda con un catálogo impresionante y casi cuatro décadas dominando los escenarios.

Buena parte de los asistentes había visto al trío en 2009, y más que tratarse de un cúmulo de sorpresa, fue como un encuentro con un grupo de viejos amigos que regresaron a nuestra casa para llenarnos la vida con regalos invaluables como It’s No GoodWorld in My EyesIn Your RoomStrippedNever Let Me Down Again Personal Jesus. Una y otra vez, volveremos a esperarlos.