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Mitú: una armonía genuina

Tándem, su último lanzamiento, es un disco de amor fresco y atrevido que ratifica la conexión del dúo colombiano
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Franklin Tejedor y Julián Salazar de Mitú.

MARÍA VAUGHAN

Corría 2018. Julián Salazar y Franklin ‘Lamparita’ Tejedor acababan de aterrizar en Copenhague, Dinamarca, donde se presentarían en un festival. Un problema les dio la bienvenida. Las cintas trasnportadoras se desocuparon y todavía no había llegado la maleta más importante de su equipaje: la que cargaba el secuenciador, la base de todas sus canciones. Se había quedado atrás. “Llega mañana, en otro vuelo”. El concierto era ese mismo día. “No hay más vuelos hoy”. Ni modo…

Unas horas más tarde, dieron la cara ante un público desconocido. Les contaron la complicación, pero decidieron no cancelar el concierto. “Vamos a improvisar”, respondió Julián ante la duda comunal. Con los instrumentos, tambores y aparatos que sí sobrevivieron al viaje, Mitú estalló los parlantes con un futuro sonoro incógnito. A punta de miradas, experimentaron en un terreno en donde el lenguaje corporal y la química pesan más que lo verbal. Sus casi dos horas de creación dieron como resultado uno de los conciertos más memorables de su carrera. “Salió muy bonito… si uno no tiene esa comunicación o confianza, olvídese, cancelemos”, recuerda Franklin de aquel percance que se convirtió en fortuna.

Con esa y otras anécdotas, argumentan el nombre de su nuevo álbum: Tándem, que se puede referir a la unión de dos fuerzas con un mismo fin o a la bicicleta de cuatro pedales y dos asientos. Aplicado a Mitú y en pocas palabras, dos seres que se convierten en uno, guiados por sus instintos, en busca del arte. Tras lanzar Los Ángeles de 2017, fue la primera vez que el dúo se sintió maduro musicalmente, con una obra de su completo gusto, sin peros o arrepentimientos. “Por fin estábamos haciendo música profesional. A veces no estaba seguro o lúcido en los intentos, pero en ese [Los Ángeles] cada cosa estaba en su lugar”, considera Julián. “Ahora Tándem recibe ese regalo y lo reafirma”.


Tándem es una suma brillante de letras directas, riffs de guitarra pegadizos y una percusión que se atenúa y se intensifica cuando la melodía lo exige.


En un proceso de casi dos años empezaron a jugar con sus instrumentos para crear atmósferas más calmadas y lentas. No sabían su destino, ni su producto final; era algo usual en su proceso de composición, que es “como un caos organizado”, según Julián. En medio de su ingenio, dos instrumentos ajenos al hábitat de Mitú se entrometieron para interactuar: la guitarra y la batería. A lo largo del LP, ambos brillan con pequeños destellos, interrupciones agradables y golpes inesperados que extrañamente cazan a la perfección con la melodía. Por otro lado, la amalgama de sus influencias en esos 20 meses fue muy amplia, desde música de Etiopía de los 70 y el jazz de Sun Ra hasta una versión recolorizada y extendida de 2001: odisea en el espacio de Stanley Kubrick. (“Los interludios me impactaron muchísimo, me hicieron pensar en dinámicas y en aires dentro de un disco”, confiesa Julián).

Aunque ambos sienten empatía por el álbum, el concepto es más cercano al ámbito personal de Julián, al igual que con Cosmus, un disco inspirado en su hija. Esta vez, Julián tradujo en música lo que para él representa su relación sentimental con María, su pareja. “Es un disco de amor. De algún modo, una declaración: siento esto, me generas esto, eres esto para mí”, asegura. Una nueva anécdota, en su paso por el Fusion Festival en Alemania, sellaría y bautizaría el LP. En esos dos días, por la lejanía rural del evento, Julián y su novia tenían que atravesar un bosque para regresar a su estadía. No había muchas opciones en Mirow, el pequeño municipio donde se realiza el festival. Con un poco de suerte, encontraron una tienda donde alquilaban bicicletas. Y sorpresa: no quedaba ni una, solo un tándem. Así se asomó el nombre y así se quedó. Una fuerza que unía a dos almas a lo largo de los seis kilómetros de paisaje frondoso que tenían que recorrer hasta su Airbnb. En pareja, hacia el mismo rumbo.

Tándem es una suma brillante de letras directas, riffs de guitarra pegadizos y una percusión que se atenúa y se intensifica cuando la melodía lo exige. La armonía aparece desde la portada. El arte del disco, como primera impresión, revela su carácter: dos seres difuminados en medio de una arboleda que se conectan con una fuerza apenas notoria, todo en blanco y negro. El álbum se divide en dos partes: la primera es comercial y repleta de hooks, y la segunda es más experimental; están separadas por un interludio (sí, un aire). Mis verdes ojos chinos, la encargada de abrir, nos abraza con unas líneas enigmáticas de guitarra acústica; No te vayas sin decirme a dónde, con Ela Minus, es un batazo de sintetizadores y anhelos utópicos (“Y si tuviera otra vida, toda me la gastaría volviéndote a encontrar”); y Perla, el gran sencillo con Marsh Waris, está guiada por un riff selvático y los timbres secos de los tambores, además de otro verso pegadizo (“cruzo el mar para verte mientras tú duermes pensando en mí”). Así termina la mitad para los oídos más cercanos al pop. Praha, el respiro, es un túnel de voces misteriosas que nos mecen hasta llegar a la luz, o la segunda mitad. Luego, en una especie de cabalgata, Roma cachetea con guitarras intensas y unos campaneos que llaman a la calma; Volando se decora con la voz de Yiset Pérez, timbres agudos, una percusión apacible y una vibra esotérica; y Hasta mañana es una despedida con canturreos de pájaros y un golpeteo crudo y orgánico.

UNA BALADA POP Y EXPERIMENTAL: "Es un disco de amor. De algún modo, una declaración: siento esto, me generas esto, eres esto para mí", aseguró Julián sobre el nuevo álbum.
UNA BALADA POP Y EXPERIMENTAL: “Es un disco de amor. De algún modo, una declaración: siento esto, me generas esto, eres esto para mí”, aseguró Julián sobre el nuevo álbum.

Una vez más, Mitú logró concebir en su propio universo un sonido fresco, atrevido y sin la intención de mantenerse en su zona de confort. Sin pensar en pegar o no pegar, siguen el camino más natural hacia la madurez. “El éxito de un álbum no pueden ser números, charts, ventas o streams. La música que más le gusta a uno, esos pequeños tesoros, no tienen ni perfiles de Instagram”, asegura Julián. “Si uno se desliga de querer ser exitoso, lo más natural es seguir un camino”. Para Mitú no existen predisposiciones o condiciones comerciales, porque sentir es más que suficiente. Le pusieron freno al panorama frenético que habían dibujado con Los Ángeles y Cosmus para adaptarse en un entorno más cercano a la balada y una melodía mansa.

El dúo, como es costumbre, saldrá de gira por toda Europa presentando su nueva obra, pasando por Francia, Dinamarca, Noruega, Suecia, Lituania y Holanda. Luego, regresarán a Colombia para lucir su última joya. Los dos músicos se nutren, se complementan y se apoyan yendo en una misma dirección. Tras casi una década de haberse conocido y cinco álbumes como Mitú, faltan muchos kilómetros por pedalear juntos. “Todo fluye muy bien, tenemos códigos y nos comprendemos. Creo que serán muchos [discos] más”, confiesa Franklin. Y Julián, inclinando su cabeza y con una sonrisa optimista, concuerda.

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