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Patrick Woodroffe, la luz detrás de las estrellas

Hablamos con el encargado de hacer el juego de luces de las figuras más grandes de la música
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Un espectáculo de Woodroffe.

Ralph Larmann

“Ah claro, yo conozco a Jann Wenner”, me dice Patrick Woodroffe cuando lo saludo y le digo que vengo de ROLLING STONE Colombia, “me lo presentó alguna vez Mick Jagger. Ellos son amigos”. Ese es el círculo en el que se mueve este británico, que se encarga de hacer los juegos de luces de las estrellas más grandes de la música. Los Rolling Stones, Lady Gaga, The Police y Elton John son solo algunos nombres que lo han llevado a sus ensayos y giras para que se encargue de agigantar sus shows. Desde hace diez años, con su compañía Woodroffe Bassett Design ha ampliado su espectro de trabajo a instalaciones de arquitectura, obras de teatro y hasta eventos en estadios.

En una sala de grabación en Bogotá me reúno con Woodroffe, que tiene una pinta totalmente inglesa. Su atuendo parece una versión moderna de la última temporada de Peaky Blinders, con un abrigo largo y una bufanda que Tommy Shelby podría llevar al Parlamento. Tiene un acento inglés muy parecido al que venden en las películas: posh y londinense. Mientras se toma un jugo de corozo y sentado en una silla de cuero, que comparada a mi butaca parece el trono del palacio de Buckingham, tuvimos esta conversación.

¿Cómo terminó metido en el mundo del diseño de iluminación en la industria de la música?

Era muy perezoso en el colegio y la universidad, entonces nunca iba a poder ser un médico o un abogado. Al mismo tiempo el negocio de las luces y la iluminación apenas estaba empezando, igual que el negocio de la música. Si tengo 65 años, empecé en 1972. ¡1972! ¡Su papá tal vez ni había nacido!

Yo no sabía qué quería hacer. Me gustaba el teatro y actuar. Me acuerdo que fui a una obra con mis papás, algún musical, My Fair Lady o algo así, y me llamó la atención la luz. Puede que sea mi imaginación, pero me parece que me acuerdo de eso. Cuando empecé todo era muy sencillo, nada era automático, no teníamos controles con computadores. Me acuerdo que una de las primeras bandas con las que trabajé fue Queen, en la época de Killer Queen. Tenían unas 20 o 30 luces, que hoy en día no es nada.

Pero creo que mi carrera ha sido distinta por dos razones. Cuando trabajé con los Rolling Stones, Mick Jagger tenía 50 años y yo pensaba que, bueno, esto no va a durar mucho más; ya tiene 75 y mira. Entonces empecé a buscar otros trabajos y me metí al cine, a teatro. No hago solo conciertos de rock, sino que me empapo de otras cosas.

Lo otro que es interesante es que antes iba de gira con las bandas. Salía con Earth, Wind & Fire y me pasaba seis meses con ellos, sin hacer nada más. Terminaba y luego estaba otro semestre con Abba o un año con Rod Stewart. Pero esos tours siempre eran en los mismos lugares: Estados Unidos, Francia, Alemania. Allá conocía gente y dejaba contactos.

Me acuerdo que una vez me llamó Roberto Carlos. Y perdón Roberto, pero nadie lo conoce en los países escandinavos o Francia, entonces iba a Brasil para hacer un show con él. O en Japón con artistas japoneses o con pequeñas bandas suecas. No solo trabajo con grupos gigantes, sino que también he sabido moverme.

Lo mejor es que todavía tengo a esos amigos. Al inicio cuando iba a Brasil a trabajar con Roberto, no existía una industria dela iluminación, entonces ayudé a crear empresas allá. Les daba consejos o les pasaba contactos de Estados Unidos. Ahora voy mucho a Brasil, trabajo en Rock in Rio desde hace 13 años. Me he podido dar una buena vida.

Usted no solo ha trabajado en conciertos. ¿Toma cosas de los eventos de arquitectura o teatro y las aplica a los shows?

¡Qué inteligente! Eso es exactamente lo que hago. No hay muchos diseñadores de iluminación que hagan de todo. Claro, alguno hará teatro y conciertos, pero yo estoy metido en todo. Por ejemplo, hago una gira con Ozzy Osbourne y de ahí tomo una idea para algo de arquitectura. Luego hago una ópera y la ilumino como si fuera un edificio. Ahora hay construcciones con pantallas, entonces también hoy en día se amplía a muchos campos. La tecnología es totalmente distinta.

©2018 Ben Gibson
©2018 Ben Gibson

Supongo que cuando empezó era una industria muy diferente a la de hoy.

Éramos un grupo pequeño, la verdad que fuimos pocos los que creamos esa tecnología. Y no digo que yo haya sido el único, habían unas cuantas empresas que estaban ahí metidas. Es interesante ver que muchas de las luces automáticas, de esas que se mueven y cambian de color, vienen de las compañías europeas que se dedicaban a la música disco.

Hay una empresa que se llama Clay Paky que hacía videos baratos de disco, se enfocaban en la iluminación, y ahora es una de las compañías de luces más grandes del mundo. Los italianos, los franceses y los daneses que se dedicaban a la música disco, ahora hacen las luces más bonitas de todas.

¿Cómo es el proceso para crear un show de luces para una banda como los Rolling Stones?

Te voy a contar lo mejor de mi trabajo, que es dirigir el juego de luces. Trabajo con Mick Jagger y Keith Richards en el setlist, vemos qué canciones van a tocar, contrato a alguna gente del mundo del cine para cuadrar las cámaras. Esto es solo la fase inicial, luego vienen los ensayos.

Ahí es que montamos todo en un estudio de cine o en una sala de ensayos bien grande. Pero lo mejor para mí, antes de cada gira, y pongo de ejemplo a los Rolling Stones pero pasa con cualquier otro artista, es que ensayan todos los días por dos semanas, así lleven tocando estas canciones 50 años. Ahí tengo el privilegio de estar sentado en una habitación, con esta banda, a diez pasos de ellos, con un par de roadies, un ingeniero de sonido, y nadie más. Solo los escucho tocar.

A veces paran y dicen, “¿Cómo es que era esa parte?”. Entonces agarran un disco, lo ponen y los cuatro se paran a oír la canción. Se acuerdan, “¡Ah, listo! Lo tocamos dos veces antes del segundo coro” o lo que sea. He visto a Donna Summer hacer esto. A veces es chistoso, a veces se ponen bravos, pero se trata del privilegio de estar en un cuarto y escuchar esta música.

Después, cuando se suben al escenario grande, puedo decir, “Paren, paren. Bueno, hagamos esa canción otra vez, pero ahora voy a poner una luz en este sitio” o les pido que se muevan a otro lugar de la tarima. Es como crear un sueño.

¿Qué tanto cambia un diseño entre artistas? No debe ser igual hacer un show para AC/DC que para Lady Gaga.

Lo importante es hacer un espectáculo, es hacer que se vea bien y que se conecte con la música. Si tengo una crítica para la gente más joven que hace lo que yo hago, es que pueden hacer shows fantásticos, pero tiene que conectarse con la gente.

Me acuerdo que trabajando con Michael Jackson para la gira Is This It, esa que iba a hacer antes de morir, él no iba mucho a los ensayos, ahora sabemos por qué pero en ese entonces creíamos que solo estaba pasando por un momento difícil. Ese show iba a ser uno de los más grandes de todos los tiempos. Las luces, los videos, el sonido, todo era espectacular.

Y le dije, “Tiene que venir a ensayar. Si no está acá, esto no tiene sentido”. En Beat It, que hacía el moonwalk y todo eso, iba a poner una luz cuando hacía el giro. “El público tiene que sentir que usted hizo que eso”, le explicaba, “no pueden pensar que hay alguien detrás apretando un botón. Y eso solo va a pasar si viene a los ensayos con nosotros”.

¿Qué tan difícil es darle una característica visual a la música, que es algo totalmente auditivo?

Bueno, estoy pensando en qué habilidad se requiere. Yo creo que usted podría hacerlo. Cuando trabajé con Stevie Wonder le explicaba por qué utilizaba el rojo en Hotter Than July, y es porque es un color que asociamos con la pasión, el calor, lo sexy. Pero en una canción más tranquila o tal vez triste, prefiero utilizar el azul, o hacer algo más oscuro. Si usted estuviera conmigo, y le muestro dos ideas que tengo, podría decirme cuál es la mejor.

Cuando mi equipo está programando algo, les digo que me muestren diferentes ideas y colores. Todos nos damos cuenta de lo que funciona mejor apenas lo vemos. También está la opinión personal, que es intentar hacer algo distinto o más arriesgado.

©mhvogel
©mhvogel

En las giras de despedida en las que ha estado trabajando con Ozzy o Elton John…

He hecho muchas giras de despedidas. La única que no es así es la de los Rolling Stones [risas], que podría ser fácilmente la última, pero no.

¿Estas giras tienen un tono diferente?

Sí, un poco. La verdad es más para el artista. Cuando Elton John toca en Madison Square Garden, él sabe que será la última vez y ahí hay unos sentimientos diferentes. Yo hago algunos arreglos distintos, busco algunos videos en los que salga cuando era joven, pero es igual.

¿Se acuerda del primer show grande en el que diseñó el juego de luces?

Con Rod Stewart. Había hecho algunas giras pequeñas, pero ese fue el gran salto. Iba a hacer un tour con él, pero no iba a trabajar en las luces. Tres días antes de empezat, en 1977, despidió al tipo que se encargaba de eso, no le caía muy bien. Dijeron que necesitaban a alguien más y alguien mencionó, “Bueno, él puede hacerlo”, y me señaló. Tres horas después tenía el trabajo.

El primer concierto fue en Trondheim, en Noruega. Me acuerdo que estaba muy nervioso, hasta me enfermé del estómago. Lo único que me hizo sentir mejor fue entrar al camerino de Rod, estaba ahí con su banda, y ellos andaban peor. Ahí me tranquilicé un poco.

Es impresionante estar en un estadio, grande, lleno de gente, agotado, con miles de personas, y que digan en los audífonos, “Apaguen las luces. Standby, listos para prenderlas”, y comienza el concierto. Le hablan a todos por los walkie-talkies, “Preparados. ¡Vamos!”. ¡Bam! Van las luces y empieza el show. Es la mejor sensación que existe.