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Vampire Weekend

Ezra Koenig explora el amor y la crisis en una obra maestra moderna de pop californiano
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Ilustración por Cannaday Chapman

Vampire Weekend

Father of the Bride

Un vampiro al sol

Con 18 canciones en menos de una hora, el primer álbum de Vampire Weekend en seis años suena, en un comienzo, como un esfuerzo maniático por compensar el tiempo perdido El cantante y guitarrista Ezra Koenig –compositor, letrista y coproductor de casi todos los temas– ha llenado sus puentes y hooks con tantos cambios de ritmo, tonos de guitarra y dramatismo instrumental que, al final, da la sensación de ser un homenaje de pop rock a la mezcla de Abbey Road de los Beatles.

Father of the Bridees tan celosamente detallado y moldeado que uno se puede sumergir fácilmente en sus invenciones: los remolinos guitarrísticos e interludios clásicos en Harmony Hall; el hip hop de Sunflower consu riff vocal arrastrado; el estilo coral de los Beach Boys con Auto-Tune en Flower Moon.

Pero esta es una dulzura auditiva cargada de problemas. La frustración, el desamparo y las crisis románticas explotan cuando Koening da malas noticias como “serpientes malvadas” en Harmony Hall con un brío vocal impecable. Unbearably White podría leerse fácilmente como un gesto en el que el propio Koening ridiculiza los orígenes de Vampire Weekend en Ivy League y la cadencia afrocaribeña de sus primeros discos. De hecho, el título viene de imágenes de un vacío frío y sofocante mezclado con guitarras ajustadas, un bajo jazzero bien fluido y una orquestación agitada. En How Long? Koening reduce el atractivo cómico con amargura. Y en la trilogía de duetos con Danielle Haim ambos cantan acerca del desamor y el amor como si fueran una versión indie de Johnny y June Cash.

La banda ha cambiado mucho desde su último álbum de 2013. Ahora son un trío. El multiinstrumentista Rostam Batmanglij se marchó en 2016 y afirmó que seguiría trabajando con Koenig. Pero solo aparece dos veces en el álbum, como productor y coescritor, mientras que Koenig –quien se mudó a Los Ángeles y ayudó a Beyoncé con su éxito Hold Up de 2016– amplía sus horizontes

Aparte de Sympathy, que evoca a New Order, y del flashback a Brown Eyed Girl de Van Morrison, no hay mucho rock en este álbum, por lo menos no de aquel que definió el boom de bandas guitarreras neoyorquinas de comienzos de milenio. Vampire Weekend llegó tarde a esa escena, pero ahora, de manera inteligente, compone música suntuosa y emocionalmente perfecta para este momento del pop. “Tarde o temprano la historia se cuenta”, canta Koening en Unbearably White. “Contarla yo mismo sería insoportablemente audaz…”.